El debate sobre el salario mínimo en España —el Salario Mínimo Interprofesional (SMI)— ha vuelto a posicionarse en el centro de la conversación pública. Las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo han generado opiniones divididas y han reactivado una discusión que va mucho más allá de cifras o ideologías: se trata de entender cómo conciliar justicia social, sostenibilidad económica y estabilidad laboral. Este artículo explora su postura sin ruido político, observando tanto los argumentos como el contexto que los rodea.
Qué propone Feijóo respecto al salario mínimo
En 2025, Feijóo expresó su rechazo a lo que describió como una subida “indiscriminada” del salario mínimo. Según su posición, incrementos tan acelerados introducen tensiones importantes en el tejido empresarial y provocan efectos no deseados en trabajadores con salarios bajos.
Su argumento central sostiene que una subida fuerte del SMI no siempre se traduce en una mejora real del poder adquisitivo, especialmente cuando el incremento obliga a un mayor pago de impuestos o cotizaciones. Además, considera que esta dinámica puede convertirse en un mecanismo que beneficia más a las arcas públicas que a los empleados a quienes se pretende proteger.
Este punto de vista sitúa la discusión en un terreno menos emocional y más técnico: no cuestiona la existencia del SMI ni la necesidad de proteger los salarios bajos, sino la velocidad y la magnitud con que deben realizarse los aumentos.
El contexto económico detrás del debate
El salario mínimo ha experimentado subidas significativas en los últimos años. Desde finales de la década de 2010 hasta 2025, el SMI pasó de cifras moderadas a situarse por encima de los mil euros mensuales en catorce pagas. Este salto ha sido especialmente celebrado por sindicatos, trabajadores con menores ingresos y sectores que defienden políticas de redistribución.
No obstante, esta evolución también ha despertado preocupaciones. Para miles de pequeñas empresas y autónomos, un aumento fuerte en los costes salariales supone ajustes en contratación, productividad o estructura empresarial. La subida del SMI no afecta a todas las compañías de la misma manera: mientras grandes empresas pueden absorber el incremento sin grandes cambios, negocios pequeños pueden enfrentar decisiones difíciles sobre personal, margen de beneficios o incluso continuidad.
Este es uno de los pilares del enfoque que Feijóo presenta: la necesidad de preservar el equilibrio entre mejorar la vida de quienes cobran menos y evitar impactos adversos en la economía real, especialmente en regiones con menor capacidad productiva.
Antecedentes: evolución del SMI en España
Durante los últimos años, la evolución del SMI ha sido intensa. El aumento acumulado supera el 60 % en menos de una década, algo sin precedentes en la historia reciente de España. Con ello se ha buscado corregir desigualdades estructurales y acercar los salarios mínimos a niveles considerados más dignos para vivir con estabilidad.
Estos incrementos, sin embargo, han llegado acompañados de advertencias sobre su impacto en sectores como agricultura, hostelería, comercio minorista y servicios personales, todos ellos con alta concentración de trabajadores con sueldos bajos.
El Partido Popular ha mantenido tradicionalmente una postura más cautelosa respecto a las subidas del salario mínimo. Durante los años en los que Feijóo estuvo al frente de Galicia, su enfoque económico se caracterizó por políticas graduales y por priorizar estabilidad presupuestaria y crecimiento empresarial. Este historial ayuda a entender su planteamiento actual: no se trata de una postura improvisada, sino de una continuidad con su marco ideológico y técnico.
Argumentos a favor del enfoque de Feijóo
1. Protección de pequeñas empresas
Una subida agresiva del SMI puede tensionar la economía de negocios con márgenes reducidos. Evitar incrementos bruscos permite que estas empresas mantengan empleo y competitividad, sin recurrir a recortes o despidos.
2. Vinculación a la productividad real
Feijóo defiende que el salario mínimo debería evolucionar en función de indicadores económicos objetivos: crecimiento, productividad y situación del mercado laboral. Subir el SMI cuando la economía no acompaña puede generar desequilibrios.
3. Evitar cargas adicionales para trabajadores con sueldos bajos
Cuando una subida del SMI lleva a un trabajador a cotizar más, parte del incremento se pierde. Por ello, Feijóo advierte que algunos aumentos “aparentan” ser grandes mejoras, pero en realidad generan poca diferencia neta.
4. Visión de prudencia en tiempos de incertidumbre
En contextos económicos frágiles, una política salarial demasiado ambiciosa puede tener efectos contraproducentes. La prudencia, según Feijóo, no es inmovilismo, sino prevención.
Críticas y desacuerdos con su postura
A pesar de sus argumentos, la visión de Feijóo también recibe críticas sólidas desde distintos sectores sociales y económicos.
Desigualdad salarial
Muchas voces sostienen que sin una política activa de aumentos del SMI, la brecha salarial se amplía. España arrastra una tasa considerable de trabajadores con sueldos bajos, y el SMI es una herramienta crucial para evitar la pobreza laboral.
Coste de vida creciente
La subida del alquiler, la alimentación y los servicios básicos exige, según estas críticas, un salario mínimo más elevado para garantizar una vida digna. Un enfoque más moderado, entienden, no responde a la realidad cotidiana de miles de familias.
Percepción de incoherencia
Algunos sectores cuestionan la coherencia política del enfoque de Feijóo, señalando que mientras se pide contención salarial a trabajadores con sueldos mínimos, cargos públicos perciben remuneraciones muy superiores. Aunque es una crítica más emocional que técnica, influye mucho en la opinión pública.
Cómo podría afectar su enfoque al mercado laboral
Adoptar una política de subidas más moderadas —como defiende Feijóo— generaría efectos visibles en el mercado laboral:
Más estabilidad para pymes
Las pequeñas empresas podrían absorber mejor sus costes y mantener o ampliar empleo sin temer incrementos imprevistos.
Riesgo de estancamiento salarial
Si el SMI no sube al ritmo de la inflación, los salarios reales se devalúan, afectando sobre todo a trabajadores vulnerables.
Desigual desarrollo regional
Zonas con menor productividad podrían beneficiarse de incrementos más suaves, mientras las regiones más dinámicas podrían reclamar subidas mayores para reflejar el coste real de vida.
Impacto en la contratación
Subidas fuertes suelen llevar a que algunas empresas reduzcan nuevas contrataciones; subidas moderadas podrían favorecer una mayor estabilidad en empleo juvenil o de larga duración.
Percepción ciudadana del debate
La ciudadanía sigue dividida ante este asunto. Para muchos trabajadores, el salario mínimo es un ancla de protección ante la precariedad. Para otros, especialmente pequeños empresarios, es una variable crítica que puede decidir la continuidad del negocio.
Las opiniones sobre Feijóo también se ven influidas por factores no económicos: confianza, identificación política, y experiencias personales con el mercado laboral. De ahí que sus declaraciones generen tanto eco mediático: el tema no es solo técnico, sino profundamente humano.
Lo que sí es claro es que el debate sobre el salario mínimo despierta emociones, expectativas y temores, y que cualquier postura —sea más progresista o más conservadora— necesita explicarse con claridad para evitar malentendidos.
Conclusión: más allá del ruido político
El enfoque de Feijóo sobre el salario mínimo presenta una visión basada en prudencia económica, protección empresarial y análisis de impacto. No plantea eliminar el SMI ni cuestionar su valor social, sino revisar la manera en que se ejecutan sus incrementos para garantizar que sean sostenibles.
Sin embargo, las críticas recuerdan que la subida del SMI ha sido clave para mejorar la vida de muchos trabajadores y reducir desigualdades. El debate no se resuelve con posturas absolutas: requiere un punto de encuentro entre dignidad salarial y sostenibilidad económica.
España necesita un modelo laboral que combine justicia social, competitividad y estabilidad. El enfoque de Feijóo, guste más o menos, invita a una pregunta necesaria: ¿cómo lograr un salario mínimo que proteja a trabajadores sin debilitar a quienes crean empleo?
Ese punto medio —alejado del ruido político— es probablemente el lugar donde se encuentra la solución más realista.

